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Ambiental Natural
en inglés

Qué son las algas
Por Denne Goldstein y Rebecca Peterson


Todos hemos visto alguna vez una capa de verdín recubriendo estanques, lagos o piscinas. En realidad, son algas. Y se reproducen, con terquedad, en el agua, el único lugar que, en un paisaje, no debería verse verde. Pero, ¿qué son las algas? ¿De dónde vienen? ¿Qué clase de daño pueden hacer? ¿Son realmente tan malas?

El problema de las algas es difícil de evitar: están por todos lados. Se han descubierto más de 30.000 variedades y los científicos han encontrado que estos seres vivos existen hace por lo menos 2.000 millones de años. Se encuentran en casi cualquier hábitat de la tierra, mientras haya agua y luz solar, y aunque el agua esté ahí por poco tiempo. Pueden sobrevivir en condiciones durísimas, como por ejemplo en los glaciares de las montañas o en los manantiales de agua hirviente o en aguas con altísimas cantidades de sal. Sin embargo, a los efectos de este artículo, nos limitaremos a las que crecen en estanques, lagos y arroyos.

¿Qué son las algas, entonces? Habrá notado que hablamos en plural cuando nos referimos a ellas. Un alga es microscópica; las algas son las grandes masas compuestas por cientos de millones de este organismo. Son estas masas lo que vemos cuando miramos un lago, y son estas masas las que se constituyen en un enemigo real. Tradicionalmente, se dice que las algas son plantas simples, primitivas, algunas de ellas formadas por sólo una o dos células. La mayoría produce su propio alimento a través de la fotosíntesis, usando luz solar, agua y dióxido de carbono –como cualquier otra planta. Aunque también contienen clorofila y producen oxígeno, a todas les faltan las hojas, raíces y flores asociadas con las plantas superiores, que conocemos mejor.

Las algas pueden flotar libremente en el agua, tiñéndola de verde, o pueden cubrir los laterales de un estanque con una capa resbaladiza de color verde o marrón. En el océano, proporcionan la base del alimento de la mayoría de las cadenas alimentarias marinas. Sin las algas, nuestras aguas no tendrían vida y la humanidad no se beneficiaría de sus innumerables cualidades y su inagotable belleza. Sin embargo, en muy alta densidad (lo que se denomina floraciones de algas), no solo decoloran el agua sino que hasta pueden competir con otras formas de vida y hasta envenenarlas.

¿Pero cómo fueron a parar a su estanque o piscina? Esta pregunta se puede contestar con otra pregunta. ¿De dónde sacó usted el agua? Toda el agua, incluso la potabilizada y purificada, puede contener algas. Las algas forman esporas, unas células especiales, microscópicas y muy resistentes, que pueden sobrevivir a casi todo, incluido el sistema de purificación de agua de su municipio. Las empresas proveedoras de agua eliminan casi todas las algas, pero algunas seguramente sobreviven; y sólo hace falta una espora para que nazca una inmensa colonia, visible y asquerosa. Las algas también pueden ingresar en un estanque junto con los peces, con el alimento que les da o con cualquier otra cosa que usted ponga adentro.

La clase de algas más comunes es la denominada planctónica. Son las responsables unicelulares de la mayor parte de las floraciones de algas, aunque también vuelven locos a los propietarios de estanques de todo el mundo. Se reproducen rápidamente y pueden ser de color verde, marrón o rojo. Pueden ser tóxicas para los animales y dar al agua un sabor u olor muy desagradable.

Otro tipo común de algas es la spirogyra. Estas algas parecen hilos o filamentos y se las reconoce como el típico “pelo” verde de las rocas, y de los lados o el fondo de los estanques. Hay más de 400 especies de spirogyra en el mundo, adaptadas a una serie de entornos, pero no tienen tantas probabilidades de “florecer” como las planctónicas.

Las algas planctónicas florecen en aguas ricas en nutrientes. Los nutrientes pueden ser producidos por unos pocos peces, por exceso de alimento para peces o incluso por el tráfico de aves. Cualquiera de estas circunstancias pueden romper el equilibrio del ecosistema de un estanque y las algas, rápidamente, aprovechan el desequilibrio para crecer a toda velocidad y morir en cuanto se agotan los nutrientes. Incluso se ha verificado que los productos químicos no tóxicos como los que nos llegan por escurrimiento desde un campo vecino pueden provocar floraciones. Si un escurrimiento no tóxico llega a un estanque o incluso a las rocas que lo rodean, esto puede terminar en una explosión demográfica de la población de algas.

Esto puede ser un problema incluso después de destruidas. Las algas pueden hundirse hasta el fondo de un estaque o pileta y formar barro, mucho barro. Y un par de acres-pie de agua pueden, con toda facilidad, sustentar el crecimiento de varias toneladas de algas por temporada. Con el paso del tiempo, esto reducirá el volumen de agua y posiblemente habrá que dragar el estanque.

A medida que las algas muertas se descomponen, la descomposición provoca el agotamiento del oxígeno en las aguas más profundas. Con ello, los peces pueden morir, o incluso se pueden producir cambios químicos en el lodo asentado en el fondo y liberarse sustancias químicas o gases tóxicos. Algunas especies de algas llegan a producir neurotoxinas, las que, si se encuentran en una concentración lo suficientemente alta en el agua, pueden provocar graves problemas de salud a los seres humanos que la beben.

Naturalmente, se trata de situaciones extremas. Pero las algas, en cantidades más pequeñas, no están exentas de peligro. Por un lado, no son estéticamente agradables. Pueden transformar un estanque prístino en una especie de sopa de arvejas estancada y turbia. Pueden convertir las rocas o superficies duras en algo extremadamente resbaladizo –lo cual constituye un serio problema alrededor de las piscinas de natación. Pueden obstruir pantallas, filtros o tuberías, taponar equipos de riego o de bombeo y hasta manchar y podrir la madera. También pueden reducir el flujo de agua y atrapar residuos antiestéticos.

En cantidades pequeñas en medio ambientes naturales, las algas son una parte importante del ecosistema y proporcionan un vínculo esencial en la cadena alimentaria. No obstante, en elementos recreativos u ornamentales con agua, suponen un problema que necesita una solución agresiva.

Segunda parte: Control de algas