Todos hemos visto alguna vez una capa de verdín recubriendo estanques,
lagos o piscinas. En realidad, son algas. Y se reproducen, con terquedad,
en el agua, el único lugar que, en un paisaje, no debería
verse verde. Pero, ¿qué son las algas? ¿De dónde
vienen? ¿Qué clase de daño pueden hacer? ¿Son
realmente tan malas?
El problema de las
algas es difícil de evitar: están por todos lados. Se
han descubierto más de 30.000 variedades y los científicos
han encontrado que estos seres vivos existen hace por lo menos 2.000
millones de años. Se encuentran en casi cualquier hábitat
de la tierra, mientras haya agua y luz solar, y aunque el agua esté
ahí por poco tiempo. Pueden sobrevivir en condiciones durísimas,
como por ejemplo en los glaciares de las montañas o en los manantiales
de agua hirviente o en aguas con altísimas cantidades de sal.
Sin embargo, a los efectos de este artículo, nos limitaremos
a las que crecen en estanques, lagos y arroyos.
¿Qué
son las algas, entonces? Habrá notado que hablamos en plural
cuando nos referimos a ellas. Un alga es microscópica; las algas
son las grandes masas compuestas por cientos de millones de este organismo.
Son estas masas lo que vemos cuando miramos un lago, y son estas masas
las que se constituyen en un enemigo real. Tradicionalmente, se dice
que las algas son plantas simples, primitivas, algunas de ellas formadas
por sólo una o dos células. La mayoría produce
su propio alimento a través de la fotosíntesis, usando
luz solar, agua y dióxido de carbono como cualquier otra
planta. Aunque también contienen clorofila y producen oxígeno,
a todas les faltan las hojas, raíces y flores asociadas con las
plantas superiores, que conocemos mejor.
Las algas pueden
flotar libremente en el agua, tiñéndola de verde, o pueden
cubrir los laterales de un estanque con una capa resbaladiza de color
verde o marrón. En el océano, proporcionan la base del
alimento de la mayoría de las cadenas alimentarias marinas. Sin
las algas, nuestras aguas no tendrían vida y la humanidad no
se beneficiaría de sus innumerables cualidades y su inagotable
belleza. Sin embargo, en muy alta densidad (lo que se denomina floraciones
de algas), no solo decoloran el agua sino que hasta pueden competir
con otras formas de vida y hasta envenenarlas.
¿Pero cómo
fueron a parar a su estanque o piscina? Esta pregunta se puede contestar
con otra pregunta. ¿De dónde sacó usted el agua?
Toda el agua, incluso la potabilizada y purificada, puede contener algas.
Las algas forman esporas, unas células especiales, microscópicas
y muy resistentes, que pueden sobrevivir a casi todo, incluido el sistema
de purificación de agua de su municipio. Las empresas proveedoras
de agua eliminan casi todas las algas, pero algunas seguramente sobreviven;
y sólo hace falta una espora para que nazca una inmensa colonia,
visible y asquerosa. Las algas también pueden ingresar en un
estanque junto con los peces, con el alimento que les da o con cualquier
otra cosa que usted ponga adentro.
La clase de algas
más comunes es la denominada planctónica. Son las responsables
unicelulares de la mayor parte de las floraciones de algas, aunque también
vuelven locos a los propietarios de estanques de todo el mundo. Se reproducen
rápidamente y pueden ser de color verde, marrón o rojo.
Pueden ser tóxicas para los animales y dar al agua un sabor u
olor muy desagradable.
Otro tipo común
de algas es la spirogyra. Estas algas parecen hilos o filamentos y se
las reconoce como el típico pelo verde de las rocas,
y de los lados o el fondo de los estanques. Hay más de 400 especies
de spirogyra en el mundo, adaptadas a una serie de entornos, pero no
tienen tantas probabilidades de florecer como las planctónicas.
Las algas planctónicas
florecen en aguas ricas en nutrientes. Los nutrientes pueden ser producidos
por unos pocos peces, por exceso de alimento para peces o incluso por
el tráfico de aves. Cualquiera de estas circunstancias pueden
romper el equilibrio del ecosistema de un estanque y las algas, rápidamente,
aprovechan el desequilibrio para crecer a toda velocidad y morir en
cuanto se agotan los nutrientes. Incluso se ha verificado que los productos
químicos no tóxicos como los que nos llegan por escurrimiento
desde un campo vecino pueden provocar floraciones. Si un escurrimiento
no tóxico llega a un estanque o incluso a las rocas que lo rodean,
esto puede terminar en una explosión demográfica de la
población de algas.
Esto puede ser un
problema incluso después de destruidas. Las algas pueden hundirse
hasta el fondo de un estaque o pileta y formar barro, mucho barro. Y
un par de acres-pie de agua pueden, con toda facilidad, sustentar el
crecimiento de varias toneladas de algas por temporada. Con el paso
del tiempo, esto reducirá el volumen de agua y posiblemente habrá
que dragar el estanque.
A medida que las
algas muertas se descomponen, la descomposición provoca el agotamiento
del oxígeno en las aguas más profundas. Con ello, los
peces pueden morir, o incluso se pueden producir cambios químicos
en el lodo asentado en el fondo y liberarse sustancias químicas
o gases tóxicos. Algunas especies de algas llegan a producir
neurotoxinas, las que, si se encuentran en una concentración
lo suficientemente alta en el agua, pueden provocar graves problemas
de salud a los seres humanos que la beben.
Naturalmente, se
trata de situaciones extremas. Pero las algas, en cantidades más
pequeñas, no están exentas de peligro. Por un lado, no
son estéticamente agradables. Pueden transformar un estanque
prístino en una especie de sopa de arvejas estancada y turbia.
Pueden convertir las rocas o superficies duras en algo extremadamente
resbaladizo lo cual constituye un serio problema alrededor de
las piscinas de natación. Pueden obstruir pantallas, filtros
o tuberías, taponar equipos de riego o de bombeo y hasta manchar
y podrir la madera. También pueden reducir el flujo de agua y
atrapar residuos antiestéticos.
En cantidades pequeñas
en medio ambientes naturales, las algas son una parte importante del
ecosistema y proporcionan un vínculo esencial en la cadena alimentaria.
No obstante, en elementos recreativos u ornamentales con agua, suponen
un problema que necesita una solución agresiva.